sábado, 7 de febrero de 2015

Lo has visto, has de aceptarlo



    Has visto alguna vez un fruto desprenderse del árbol? Lo has visto rodar hasta detenerse junto a una raíz? Has observado cómo se descompone? Es una danza llena de vida.
Has visto alguna vez una hoja seca desprenderse de un árbol? La has visto descender acompañada de una suave brisa hasta posarse justo junto al tronco del árbol? La has visto descomponerse y ser devorada por la tierra? Está cumpliendo su función para que el árbol continúe respirando, así como antes lo hacía desde la punta de las ramas.
Has visto alguna vez un tronco seco? Lo has visto de cerca? Lo has observado detenidamente? Es un baile rebosante de vida.
Has visto alguna vez un perro que acaba de morir? El cuerpo tieso como una roca, los ojos carentes de vida; lo has visto? El alegre animal que conocías ya no está dentro de ese cuerpo, lo puedes notar con solo observarlo. Lo puedes sentir en tu corazón, ese amigo fiel no está ahí dentro de ese cuerpo ya. Lo puedes sentir en tu corazón, tu mente lo conserva lleno de vida en tus pensamientos. El amor de ese animal continúa vivo en tu corazón, siempre presente.
Si lo analizas en profundidad, con total honestidad, verás que la vida es una constante. Lo opuesto a la vida no es la muerte. La muerte es lo opuesto al nacimiento. Pero aquello que es constante y eterno, aquello que es absoluto no puede tener opuestos.  
La muerte entonces, es una creencia. Así como lo es el nacimiento. Crees haber nacido y por tanto crees que vas a morir. Eso es lo que implica la creencia en que eres tan solo un cuerpo.
Más lo que eres no es algo que puedas ver ni tocar; lo que en verdad eres tan solo lo puedes experimentar. Tú eres la experiencia. Lo que tú eres, por tanto, no ha nacido y no morirá.
En verdad crees que has venido al mundo y que en algún momento lo abandonaras; cuando en realidad el mundo es tan solo una proyección de tu mente. Abriste los ojos y el mundo tuvo lugar. Cuando abandones tu cuerpo físico, en verdad crees que el mundo continuará? El mundo desaparecerá porque habrás abandonado la creencia en él.
Pero mientras continúes creyendo que has nacido en un mundo que ya existía, mantendrás tu creencia en la muerte, por tanto no podrás por menos que sufrir al creer que tu vida durará mientras tu cuerpo aguante.

Has de aceptar que el mundo es una proyección de tu mente. Has de aceptar que tu Ser es eterno en la Mente de Dios y por tanto no ha nacido y no ha de morir. Has de aceptar esto profundamente si en verdad quieres vivir esta experiencia en tu cuerpo físico lleno de dicha y en paz. O has de vivir atemorizado hasta que despiertes de este sueño, el cual es igual de ilusorio que lo que sueñas por las noches en tu cama.
La aceptación es profundamente personal. Luego la vida se vuelve absolutamente impersonal. Acepta tu santa herencia y permite que la unidad se restaure en tu mente. Abandona tus creencias, recuerda quien en verdad eres, y permite que la paz retorne a tu mente.
Has de aceptar lo inevitable y el sufrimiento ya no tendrá lugar en tu vida, al haber comprendido que la vida es verdadero Amor, total ausencia de miedo.
El libre albedrío es tu libertad. Por tanto has elegido libremente depositar tu fe en la creencia de que eres tan solo un cuerpo. Más puedes volver a elegir, puedes poner tu voluntad en la certeza de que tú eres la vida misma, eterna e inmutable.
La decisión es siempre tuya, y la realizas a cada instante. Elije de una vez por todas soltar todas tus creencias y vivir en absoluta paz interior, o puedes continuar eligiendo aferrarte a tus creencias, sujetar el miedo que todas ellas conllevan, y por tanto continuar percibiéndote a ti mismo como un cuerpo inestable, indefenso, víctima del mundo que te rodea.

Insisto, la elección es tuya. Yo elegí aceptar la paz en lo profundo de mi Ser, puedo asegurarte entonces que tú también puedes hacerlo. Y no solo puedes, sino que debes. Ya no quiero verte sufrir más. Te invito, al fin, a unirte conmigo en la Absoluta Paz Interior.



A imagen y semejanza



    La ciencia ha demostrado que nuestro cuerpo se encuentra en constante cambio, que diariamente mueren algunas células y otras van naciendo y ocupando su lugar. De ahí se desprende el dicho de que el rostro que viste esta mañana en el espejo, no es el mismo que viste ayer, ni el mismo que verás mañana; esto justamente debido a la constante renovación de células en nuestro cuerpo.
Ahora bien, si tomamos en cuenta que hemos sido creados a imagen y semejanza, uno no puede por menos que pensar que nuestro Creador también está sujeto a constantes cambios y variaciones. O de lo contrario, es mentira eso de que nuestro cuerpo sufre modificaciones constantes. Pero esto último no puede ser cierto, ya que si bien no lo notamos en el día a día, comprobado es por todos nosotros que, a lapsos mayores de tiempo, evidente se hace el cambio que sufre nuestro cuerpo. De hecho no cabe duda alguna al respecto.
Entonces bien, por descarte podría afirmarse aquí que, evidentemente, nuestro Creador ha de sufrir iguales cambios que nosotros. Pero cómo es posible la Fuente de la Creación sea tan inestable y variable como lo es nuestro cuerpo. Esa Fuente Eterna e Inmutable, cómo pudo habernos creado tan vulnerables.
Es notorio entonces que, o bien no hemos sido creados a imagen y semejanza de nuestro Creador, o bien aquí hay gato encerrado. Digo esto porque poner en duda a la Creación es una idea tan descabellada que no cabe en mi mente, pero el lector es libre de cuestionarlo si así lo cree pertinente.

De la premisa de que no es siquiera cuestionable la Fuente de la Creación, se deriva que no hay duda alguna de que hemos sido creados a imagen y semejanza de dicha Fuente, por tanto somos eternos e inmutables. Dicho esto, no cabe duda alguna entonces de que aquí hay gato encerrado.
Por qué, entonces, nuestro cuerpo se encuentra sujeto al inevitable desgaste causado por el paso del tiempo. Dónde se encuentra aquí lo eterno e inmutable, esa incuestionable semejanza con nuestro Creador. Claramente, tras el gato encerrado. Ahí está la clave en este asunto, la verdad escondida tras la mentira que elegimos creernos; porque ciertamente estamos dando en el clavo cuando decimos, NO SOY ESTE CUERPO.

Es cierto, es mi cuerpo, es tu cuerpo. Pero cuando al día siguiente de que decidiste empezar el gimnasio, le comentas a tu pareja “me duele todo el cuerpo”, estas implícitamente reconociendo que no sos tu cuerpo, porque sino dirías algo así como “me duele todo yo” o “me estoy doliendo todo”. Pero no, no te duele lo que sos, te duele tu cuerpo, y repito, no sos tu cuerpo.

O qué hay de aquellas personas que, muy acertadamente por cierto, sentencian con firmeza “lo que yo soy no se define por mi cuerpo” o “el cuerpo es solo lo de afuera, lo que importa es lo de adentro” y frases semejantes. Sin darse cuenta están reconociendo que el cuerpo no los define, ya que el cuerpo es limitado y finito; y aquello que en verdad sos, tu ser, tu alma, tu espíritu, como mas te guste llamarlo; eso que en verdad sos, es completamente ilimitado e infinito, exactamente como lo es la Fuente de la cual provenimos.

Pero bien, esto es algo que aunque cueste reconocerlo, o siquiera analizarlo, muchas personas lo creen más o menos así, detalle más detalle menos. Pero los detalles no carecen de importancia aquí, puesto que la inmensa mayoría de seres humanos, por no decir todos, caen en la trampa de creer que si bien no son solo un cuerpo, son entonces aquello que piensan que son. Es decir, creen que son sus pensamientos. Piensan que aquello que piensan es justamente lo que los define. Creen que eso que piensan es su realidad.

Pero si uno fuera ciertamente honesto consigo mismo y se pusiera a analizar de pleno cada uno de sus pensamientos, y cómo éstos funcionan y cómo están programados, no tardaría en reconocer que dichos pensamientos provienen de una mente que está en conflicto consigo misma. Esa misma mente que duda acerca de si sos o no sos tu cuerpo. Esa misma mente que está llena de dudas y preguntas, a las cuales responde con pensamientos que tan solo dejan otra duda u otra pregunta sin contestar. Esa mente que te habla con una voz insistente y constante que no se calla jamás, que te taladra el oído diciéndote qué sos y qué no sos, cómo sos y cómo no sos, cuándo sos vos y cuándo no sos vos, cómo te gustaría ser y cómo deberías ser, y así constantemente te va gritando una frase tras otra al oído a lo largo de tu vida, sin cesar. Te carcome la cabeza con dudas y preguntas que responde con más dudas y más preguntas. Una mentira tras otra mentira, engaño tras engaño durante toda tu vida. Y tan en conflicto está tu mente, que ciertamente crees que esa voz que te habla es tu realidad, es lo que sos vos en realidad. Crees que es la voz de tu conciencia que te dice a cada instante qué pensar, cómo pensar, y por tanto, qué sentir y cómo actuar.

Pero esa voz que retumba en tu cabeza todo el tiempo, es el ego. No es tu ego, ni mi ego. Es el ego, el único que existe. Eso que se conoce como subconsciente colectivo.
Por tanto es algo que todos conocemos bien, pero que pocos nos atrevemos a observarlo de frente, a analizarlo a fondo y reconocer cómo funciona.  
Estar atento al ego, a su funcionamiento, a sus juegos y sus trampas, es extremadamente necesario para poder ver más allá de esa nube de conflictos mentales, y descubrir la verdad que aguarda pacientemente a que la veamos. Porque eso que en verdad somos está siendo obstruido de nuestra visión por causa del ego, de ese alquitranoso sistema de pasamientos que ha convertido nuestra mente en un laberinto de confusiones que parece no tener salida. Y ciertamente no la tiene mientras sigas cayendo en la trampa de pensar a través del ego y creer en todo lo que has creído hasta ahora.

Pero hay salida, claro, todo laberinto la tiene. Y la escapatoria a este que parece gobernar nuestra mente, es justamente analizarlo en profundidad para poder trasponer sus límites y llegar así a la verdad. Lo cual no es ni más ni menos que abandonar la oscuridad, llegar a la penumbra de los límites de nuestra mente y ahí por fin trascender hacia la luz.

En última instancia, esto que aquí pretendo explicar es algo que justamente no se puede entender con solo leerlo y darle vueltas en la cabeza porque ahí estarías cayendo nuevamente en la trampa del ego, no te olvides que todos tus pensamientos provienen de tu mente en conflicto. De manera que el único entendimiento posible tiene cabida mediante la experiencia. Porque ciertamente el camino de desmontar al ego, este camino de abandonar las tinieblas para llegar a la luz de la verdad, es un camino experimental. Es decir, el entendimiento solo te llegará mediante la experiencia, de lo contrario seguirás vagando entre las dudas, el miedo y el sufrimiento a los que el ego te tiene acostumbrado. Y es también mediante la experiencia, a raíz de alcanzar el entendimiento (lo cual es algo así como la antesala del verdadero conocimiento) que se comprende que el cuerpo no es un fin, sino que es meramente un medio, y que por tanto su utilidad está en función del propósito que uno le asigne. De hecho, mediante la experiencia uno le otorga otro propósito al mundo en su totalidad. Y ese propósito varía según lo que uno desee, mas encaminarse en este sendero que te lleva hacia la luz, te hará reconocer que tu único propósito es alcanzar la verdadera Paz, ya que la luz, así como la paz, forman parte de tu ser, de lo que en verdad sos.
¿Qué se necesita para comenzar a andar este camino entonces? Tan solo tu voluntad. Con solo decidirlo ya estarás dando el primer paso, y el desenlace es inevitablemente en paz.

Para finalizar me gustaría compartir el siguiente enlace, ya que la única manera que conozco de alcanzar la experiencia, es mediante la meditación.

http://cuestionandoverdades.blogspot.com/2015/01/que-es-meditar.html 

jueves, 29 de enero de 2015

¿Qué es meditar?



Meditar no es concentración, no es enfoque. No es pensar mucho en algo. Tampoco es esforzarse por no pensar en nada. Meditar es total y completa relajación de la mente. Es un estado natural de la mente. Por tanto no requiere esfuerzo alguno. Por el contrario, lo único que pide es soltar todo esfuerzo, todo pensamiento, toda fabricación de la mente. Porque los pensamientos que provienen de Dios fluyen naturalmente ya que somos un pensamiento de Dios. Pero los pensamientos del ego, esos que constantemente nos nublan la mente, requieren un esfuerzo de nuestra parte, por mínimo que parezca, y ello genera tensión. Por tanto, el relajarse implica soltar todo pensamiento fabricado por nuestro ego. Meditar es total y completa aceptación del instante presente. Es plena presencia en este instante. Soltar todo pensamiento, dejarnos fluir a una profunda relajación, nos sitúa en el instante presente.

Aceptar el instante presente es aceptar nuestra vida en su totalidad. Aceptarnos a nosotros mismos en el único instante en el cual “somos”. Porque no somos lo que pasó hace cinco minutos, ni lo que sucederá dentro de una hora. No somos mañana ni somos ayer. Somos este instante, aquí y ahora. De manera que si no estamos en este instante, no estamos vivos. Y no estamos  viviendo (a pesar de respirar) porque estamos divagando en algo que no existe. Este mundo es una ilusión, un sueño. De manera que mientras nuestra mente esté divagando en cosas pertenecientes al mundo, vamos a estar divagando en la ilusión. La vida es aquí y ahora, con total plenitud. Por eso, si no estamos plenamente presentes en este instante, con nuestro ser sintiente, no damos lugar a que nuestra vida fluya en esta ilusión;  por tanto estamos en presencia de un sueño absolutamente carente de vida. Y esto es así porque no estamos permitiendo que nuestra vida, nuestra luz, penetre en el sueño. Y de esta manera estamos resistiendo a que la voluntad de Dios se haga tanto en la Tierra como en el Cielo, porque estamos negando que la luz llegue al mundo a través nuestro.

La única manera de permitir que la luz de Dios penetre en esta ilusión es aquietándonos y estando presentes aquí y ahora, ya que este es el único instante en que nuestra vida se está sucediendo. Pero si continuamos divagando entre lo que fue y lo que será, estaremos divagando entre ilusiones, y por tanto en el miedo, lo cual nos lleva a sufrir. Estaremos cayendo entonces en la trampa del ego de alejarnos del instante presente para evitar que tengamos sentido de nuestra realidad.

Por tanto, al volcar nuestra voluntad hacia el sistema de pensamientos del ego, lo que hacemos es creernos que las ilusiones son reales. Y como las ilusiones son producto del miedo, lógicamente tenemos miedo de lo que va a pasar, o de que se repita lo que ya sucedió. De ahí que tengamos miedo a la muerte, al creer que este cuerpo es nuestra realidad. Pero liberar la mente de la prisión del ego nos lleva al instante presente, como si de una goma elástica se tratase. Es decir, al soltar las creencias a las cuales nos aferramos, no podemos por menos que retornar a nuestro origen, al centro de nuestro propio Ser. Y desde ahí se perciben las ilusiones totalmente diáfanas.

La mente puede, por tanto, perderse en sombríos laberintos que nos llevan a la incertidumbre, al temor de lo que vendrá, a la culpa por lo que ya sucedió. Nos vemos envueltos en tenebrosas tormentas de sufrimiento constante que por momentos se vuelven insoportables. ¿Cuál es la salida entonces? La única salida, justamente, es soltar esos pensamientos que nos llevan a divagar por oscuros callejones, y retornar así a la radiante luz del instante presente; ahí donde todo miedo se desvanece, ahí donde nuestra vida se está sucediendo constantemente. Ahí, donde puedes recordar quién eres.






El pasado y el futuro son oscuridad, el instante presente es un haz de luz. Dejar de vagar en tinieblas solo requiere tu voluntad, tu firme deseo de permitir que la luz de Dios penetre en el sueño y te ilumine para poder ver las ilusiones como en realidad son. En ese punto, en este instante presente, es donde el Amor tiene cabida, donde el miedo desaparece; donde la serenidad y la paz retornan a tu mente. Eso es meditar. La meditación te retorna al Amor, permitiendo que la verdad penetre en tu mente. Pedir por tanto que la verdad te sea revelada es la verdadera oración. Orar es meditar.

Aquietar la mente, unirse al flujo de la vida, es permitir que este sueño de miedo y sufrimiento se convierta en un sueño feliz que nos acerque al despertar en paz. Y esto es solo posible en este instante, aquí y ahora.

Esto da lugar a sentir la inocencia, la tuya y la de los demás. Da lugar a percibirla en todo lo que te rodea. En este instante no hay culpabilidad porque no hay necesidades, por tanto ves a tus hermanos como lo que son, la misma mente en el mismo haz de luz. Los cuerpos pasan a ser meros personajes vagando en el sueño.

Es posible entonces la unión de las mentes en un mismo propósito, el de permitir que el Cielo descienda sobre la Tierra, dando lugar a la sanación, al milagro. Porque cuando uno aquieta la mente y da lugar al conocimiento, es cuando el milagro tiene cabida. Meditar es, por tanto, dar lugar al milagro.

De hecho las necesidades del cuerpo surgen cuando la mente acepta la creencia de ser un cuerpo. Dicho de otra manera, cuando te vuelves consiente de tu realidad absoluta, en ese instante, las necesidades del cuerpo son nulas. Cualquier dolor o sensación de necesidad física desaparecen. No obstante, cuando la mente vuelve a perderse en pensamientos mundanos, el cuerpo vuelve a reclamar su sitio, su “identidad”, su “realidad”. Una “realidad” limitada, inmersa en constantes necesidades tanto externas como internas. Más tu realidad no sabe de escasez ni limitaciones, puesto que es una creación de Dios y por tanto eres Absoluto, Pleno y Eterno. Es decir, no eres un cuerpo, aunque así decidas creerlo. Y mientras continúes creyéndolo así, el miedo será una constante en tu vida.

Esta resistencia a soltar el personaje que crees ser, es una resistencia a la vida tal y como es. Por el contrario, soltar el personaje y todas tus creencias, es soltar toda resistencia para así Aceptar la vida tal y como es. Solo mediante la Aceptación es que la vida se vuelve totalmente simple, sin necesidad de esfuerzo alguno.

Todo transcurre entonces como una película proyectada por tu mente, pero en vez de creerte el personaje de la película, te vuelves consciente de que tu eres el que está proyectando el film, y puedes disfrutar de la proyección desde la seguridad y confort de tu butaca. Pero esto es una simple analogía, no pretendas entender las palabras y asimilar los ejemplos, ya que solo mediante la experiencia llega la comprensión. Y la experiencia se alcanza a través de la meditación. Por tanto, ¿Qué es meditar? La respuesta es una experiencia, y en la experiencia la pregunta desaparece.

domingo, 25 de enero de 2015

Dar y Recibir

¿Cómo es posible ser feliz cuando sentís que sos víctima del mundo? ¿Cómo vas a vivir en paz si crees que a tu vida la truncó alguien en algún punto de tu pasado? ¿Cómo vas a sentirte en libre de ese modo? Porque uno puede rehacer su vida, tener momentos felices y demás. Pero ¿qué sale a la luz cuando te quedas solo y en silencio? ¿Cuán agudo es el dolor que provoca esa espina clavada en tu pecho?
Es evidente que si uno no acepta su propio pasado, es muy difícil seguir adelante. Como mucho te queda el consuelo de ser una buena persona a la cual una vez lastimaron y cuyas heridas parecen no cicatrizar.
¿Y qué hay de ese que te hizo daño? ¿Qué hay si el que hizo daño a otra persona alguna vez fuiste vos? ¿Cómo haces para dormir en paz cuando te pusiste en papel de victimario y la culpa te carcome la cabeza? Incluso puede parecerte que no hay consuelo porque si te sentís culpable, quiere decir que perdiste tu inocencia y que por tanto ya no podrás ser una buena persona. O en el mejor de los casos, llegarás a ser una buena persona, pero con una mancha en su prontuario. Porque no importa cuánto te esfuerces, siempre sale a relucir la culpa guardada, y todo intento por recuperar tu inocencia resulta en vano. Hasta es posible que con tal de recuperar el amor que perdiste de tu hermano, cuando creíste haberlo traicionado,  toleres cualquier maltrato de su parte; lo pones a él en lugar de victimario  y te pones vos mismo en el lugar de la víctima, por un tiempo, para ver si así logras su perdón. Y te parece lógico porque crees en la culpa, es decir en el pecado, y por tanto crees que el castigo es inevitable; lo cual no hace más que acarrear más sufrimiento.
Y esto es así porque es imposible que puedas verte y sentirte inocente (y por tanto en paz) mientras sigas viendo culpabilidad en el otro.
Así que bien, como ya dije, aceptar lo que ya sucedió es la solución. Pero no es “aceptarlo” con una resignación de fondo. No caigas en esa trampa del ego, porque la resignación es producto del miedo y por tanto conlleva dolor.

La aceptación de la que hablo es una Aceptación Total, una comprensión sincera y profunda de que todo lo que ha sido, fue perfecto tal y como fue, TODO.
Por otra parte, esta Aceptación implica también el reconocimiento de que el pasado ya no existe, al igual que el futuro, y que ambos no son nada más que pensamientos producto de tu mente en conflicto, y por tanto no existen. De manera que comprender esto te sitúa en el único momento en el cual la Aceptación tiene lugar; y es aquí y ahora, en este instante presente. El único instante en el que tu vida está teniendo lugar. Tu vida se está sucediendo constantemente en el instante presente.  
Y es en este instante cuando podes ver a tus hermanos totalmente inocentes, es decir, Aceptarlos tal y como son. De esta manera, y únicamente de esta manera, es que traerás a tu mente tu propia Aceptación. Entonces te verás a vos mismo tal y como sos, total y completamente inocente.
En este punto es en el cual Dar es igual a Recibir. Incluso recibís más de lo que das. Al ver a tus hermanos inocentes, reconoces tu propia inocencia. Y es este reconocimiento, esta Aceptación, lo que te lleva a experimentar una Paz y una Felicidad Totalmente Plenas.


Esto es un camino espiritual tan profundo como Verdadero. Un camino que una vez experimentado lo querés elegir todo el tiempo, a cada instante, porque es lo único que te brinda una Libertad Absoluta. Y esta Libertad es lo que te corresponde por ser quien sos, es tu herencia natural. No tengas duda alguna de esto, porque si es para mí, te aseguro que también es para vos. De hecho, ya es tuyo; nada más te hace falta decidir a Aceptarlo.  Tan solo tenés que permitirlo y así será. La decisión es toda tuya hermano!

viernes, 23 de enero de 2015

La elección




Cierto es que poco importa lo que hagas en el mundo, ya que el mundo en sí mismo es una ilusión, y por tanto no existe.

Ahora bien, tus acciones no son más que un efecto de tus pensamientos, lo cuales son la causa de absolutamente todo. Y tus pensamientos o bien provienen de tu esencia,  de tu espíritu; o bien provienen de tu subconsciente, del ego.

Si tus pensamientos (causa) provienen de tu subconsciente, tu accionar en el mundo (efecto) se amoldará al personaje que te crees que eres. De manera que serás bueno o malo, simpático o antipático, creyente o no creyente, de izquierda, de derecha o anarquista, etc. Pero sin importar la forma de tu experiencia, todo aquello que realices y experimentes en tu vida, creerás que tiene el poder de hacerte daño, y sin dudas lo hará.

Pero si permites que tus pensamientos sean guiados desde tu ser  (y este es el cambio de mentalidad radicalmente opuesta), todo cuanto experimentes en tu vida será un acto de Amor. Sin importar la forma en que se presente tu vida, esta será en Paz, Dicha y Felicidad Verdaderas. Habrás comprendido entonces que nada externo a ti tiene la capacidad de afectarte, absolutamente nada. Todo es una invención de la mente.

De manera que lo importante no es qué hagas en el mundo, sino más bien lo importante es si deseas realmente ser un ser libre y por tanto permites que tus pensamientos sean guiados y fundados en el Amor; o si aun te parece tentadora la idea de ser una mente prisionera en sí misma a causa de los limites que se auto impuso; y por tanto elijes que tus pensamientos sean producto del miedo. Lo cual, ya sabes de primera mano, conduce inevitablemente al sufrimiento.

Y digo elijes porque ciertamente tú decides, puesto que todo es voluntad. Tu voluntad. La elección está en tu mente.


jueves, 22 de enero de 2015

Los sueños y la vigilia



Recientemente me preguntaban acerca  de los sueños, su significado y el por qué de los mismos. Seguramente habrá quien pueda responder esas dudas, pero a mi entender tan solo cabe una apreciación general, ya que los sueños no son más que otra trampa del sistema de pensamientos de ego; puesto que se utilizan para diferenciar lo ilusorio (sueños) de lo supuestamente real (vigilia). Analizado desde este punto de vista, los sueños cumplen la función de otorgarle realidad a la vigilia.
Pero como las armas del ego son de doble filo, puede analizarse la función de los sueños desde un punto de vista radicalmente opuesto, con una conciencia mucho más consiente de sí misma. Es desde este lugar que uno comienza a comprender las similitudes entre “sueños” y “vigilia”. De hecho la ciencia ha demostrado que el cerebro reacciona de igual manera ya sea en sueños como en la vigilia. Incluso sentimos nuestro cuerpo reaccionar perfectamente mientras estamos soñando, creyendo que ese sueño es real, hasta el momento de despertar y comprender que era una ilusión. Así pues, cabe el cuestionar por qué he de sentir todo lo que siento en mis sueños si mi cuerpo yace tendido en la cama; claro ejemplo éste de que el cuerpo no siente, sino que la que siente es la mente. El cuerpo es un objeto, y los objetos no sienten.
Así es que uno comienza a cuestionar la realidad de la vigilia, simplemente deteniéndose un instante, aquietando la mente y escuchando la respuesta; aceptando el conocimiento que dice que la vigilia, esto que conocemos como realidad, no es más que otro sueño, una ilusión.
Comprender esto, abrirse a aceptarlo como una posibilidad, es fundamental si es que quieres empezar a despertar a la Verdad. Pero si no lo quieres, estas en todo tu derecho de seguir soñando que la vigilia es tu realidad, de seguir creyendo que todo lo que observas a tu alrededor es real. Pero si se me permite, quisiera recordarte que el apego a este sueño como real, es la causa de todo tu sufrimiento; es el por qué de que tu felicidad y tu paz sean tan inestables y se encuentren constantemente amenazadas.
Por tanto, desapegarte de esta ilusión (mientras aun permaneces dormido en este sueño) es el único camino que te lleva a Despertar. Es el camino que se conoce como “Camino del Perdón” y es un camino hecho de una Felicidad y una Paz que sobrepasan todo entendimiento; que te conduce a un dulce despertar en el que recuerdas quién eres, esa Dicha inquebrantable. 




viernes, 9 de enero de 2015

Tormenta y gorriones

     Hay momentos en que uno está histérico. No se sabe bien la razón o el motivo, pero todo cuanto sucede alrededor molesta, todo. Tal vez sea el calor, la humedad, el haberse levantado con el pie izquierdo, da igual. Uno se siente completamente molesto, inaguantable para con uno mismo, hasta el canto de un gorrión es motivo de bronca en situaciones así. Solía sucederme esto mismo con cierta regularidad, ahora el hecho es motivo de estas líneas; así de extraño se ha vuelto. Pero bien, en situaciones así no es sano reprimir la ira contenida, hay que liberar esa bronca aparentemente infundada. Quizá sea hasta oportuna una buena puteada al aire, o los cinco nudillos de la mano derecha contra la puerta del baño. Bienvenido sea aquello que ayude a descargar las emociones, siempre y cuando no haga daño a nadie, claro está. Bienvenido sea el sentir esa bronca, esa ira, esa rabia, esa histeria.. como se la quiera llamar, da igual, no importan aquí las etiquetas, sino las emociones; y vaya sentimiento de disgusto que siente uno en esos días. En fin, no hay que guardarse nada, todo hay que soltarlo y dejarlo ir.. y después? Después entra en juego la conciencia, y dependiendo del nivel de ésta, será la solución que obtengas para el supuesto problema.
     Mi nivel de conciencia es considerablemente superior que antes, y es por ello que me aventuro a derramar estas líneas. Acabo de sobrepasar un sacudón de esos que te sacan de quicio de la nada. Duró lo que tuvo que durar, pero durante el proceso en ningún momento intenté contenerme o guardarme para mí esa rabia, ya que durante años comprobé de primera mano que eso tan solo conlleva más y más sufrimiento, incluso a largo plazo (a muy largo plazo a veces). De manera que cuando esta mañana me vi envuelto en una nube de rabia, mi conciencia me condujo lo más sencilla y amorosamente posible entre dichas nubes; y pude atravesarlas.
     No eran tan tormentosas como parecían, y de hecho pude comprobar que ni siquiera eran un obstáculo; no obstante aparentaban serlo. Un obstáculo que me estaba separando de la paz que desde hace tiempo reina en mi vida. Asique sabiendo esto a conciencia, simplemente pude dejar que mi malestar fluyera libre y graciosamente a través de mi, pude soltarlo y dejarlo ir. Que sucedió después? Qué es lo que queda luego de la tormenta? Al igual que en el mundo “externo”, tan solo queda la calma. Exactamente eso es lo que sentí, una gran calma con una hermosa melodía entonada por gorriones festivos. Comprendí entonces, una vez mas (y van…) que no hay nada ahí fuera que no sea el fiel reflejo de lo que llevamos dentro; o mejor dicho, no existe nada externo, todo lo que aparenta el mundo exterior no es más que nuestra propia conciencia proyectada.

     Esta profunda y simple comprensión hace que esa gran calma que sentí luego de atravesar los nubarrones, se convierta en una profunda paz, tan intensa que ni siquiera tengo que pensar en estas palabras que estoy escribiendo, puesto que fluyen como el canto de los gorriones en el viento. A la distancia, ese personaje que esta mañana estuvo tan iracundo e histérico, se torna ahora motivo de risa, cuando comprendo que “ese” no soy “yo”, ya que mi Ser no puede sucumbir ante el miedo porque la Paz, la Dicha y la Plenitud son inertes a él. Es decir, no soy “ese” que es débil y temeroso, al contrario, soy Amor en su máxima expresión; y en presencia del Amor, el miedo desaparece.